En corto
La mayoría de las parasomnias son benignas y mejoran con el abordaje adecuado (higiene del sueño, seguridad y tratar los desencadenantes). Otras —como el trastorno de conducta del sueño REM en adultos— conviene estudiarlas cuanto antes. Un especialista puede decirte, con una prueba, exactamente cuál es tu caso.
Comportamientos anormales mientras duermes
Las parasomnias son trastornos del sueño que se caracterizan por comportamientos, movimientos, emociones o percepciones anormales que ocurren durante el sueño o en la transición entre el sueño y la vigilia. Pueden darse en el sueño profundo, en el ligero o durante la fase REM, y afectan a personas de todas las edades.
Sus causas son diversas: factores genéticos, otros trastornos del sueño, estrés, ansiedad o determinados medicamentos. A veces se asocian a cuadros como el trastorno de conducta del sueño REM o la narcolepsia, y varían mucho en gravedad: desde episodios ocasionales y banales hasta situaciones que conviene estudiar.
Aunque suelen ser perturbadoras —para quien las sufre y para quien duerme al lado—, la buena noticia es que hoy se diagnostican con precisión y se tratan. Si los episodios son persistentes o afectan a tu descanso, lo aconsejable es consultar con un especialista del sueño. El primer paso es identificarlas.
Autotest: ¿podrían ser parasomnias?
Marca lo que te ocurra (a ti o a quien duerme contigo). Es orientativo, no un diagnóstico.
Señales frecuentes
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Los tipos de parasomnia más comunes
Se agrupan según la fase del sueño en la que aparecen. Toca cada una:
Terrores nocturnos
Episodios de agitación intensa —gritos, palpitaciones, sudoración, cara de miedo— con la persona parcialmente dormida y confusa. Al día siguiente no suele recordarlos. En niños son habituales y tienden a desaparecer con la edad; en adultos conviene valorarlos.
Sonambulismo
La persona se levanta y realiza actividades (caminar, vestirse, incluso salir de casa) estando dormida. No responde bien si se le habla y no lo recuerda. El foco del tratamiento es la seguridad del entorno y tratar lo que lo desencadena (falta de sueño, estrés, alcohol).
Pesadillas
Sueños vívidos y angustiantes que despiertan de golpe, con recuerdo detallado. Son muy comunes y casi nunca graves; pero si son frecuentes, afectan al descanso o a tu día a día, tienen tratamiento (incluida la terapia de ensayo en imaginación).
Parálisis del sueño
Imposibilidad temporal de moverte o hablar al conciliar el sueño o al despertar, a veces con sensación de presión o presencia. Dura segundos y no es peligrosa, pero puede ser muy angustiosa. Puede asociarse a otros trastornos como la narcolepsia.
Trastorno de conducta del sueño REM (RBD)
La persona “representa” sus sueños con movimientos bruscos —golpes, patadas, saltos— que pueden lesionar a la pareja. Aparece sobre todo a partir de los 50 y es relevante porque puede ser un signo precoz de enfermedades neurológicas como el Parkinson. Si sospechas RBD, conviene una valoración pronto.
Otras parasomnias frecuentes
Además de las anteriores, en consulta vemos a menudo estas otras, casi siempre benignas pero que conviene reconocer:
Somniloquio (hablar dormido)
Hablar durante el sueño, desde murmullos incomprensibles hasta frases coherentes. Es muy común y quien lo hace no es consciente ni lo recuerda al despertar. No suele requerir tratamiento salvo que interrumpa el descanso, y puede aparecer junto al sonambulismo o al trastorno de conducta del sueño REM.
Bruxismo del sueño
Actividad rítmica de los músculos de la masticación que desgasta los dientes. La persona no es consciente y suele despertarse con dolor en la mandíbula. El estrés y ciertos problemas anatómicos influyen en su origen. Se trata con férulas de descarga, técnicas de relajación y biofeedback; en nuestro equipo contamos con una odontóloga experta en este problema.
Mioclonías hípnicas
Contracciones involuntarias, bruscas y breves —sobre todo en las piernas, a veces en brazos o cabeza— que aparecen al quedarse dormido. No tienen significación clínica y se relacionan con la cafeína, la nicotina, el ejercicio intenso y el estrés. Si son muy frecuentes o intensas, se retiran esos desencadenantes; rara vez hace falta medicación.
Despertares confusionales
Episodios en los que la persona se despierta desorientada, con dificultad para entender su entorno o reconocer a quienes tiene cerca. Ocurren en la transición entre el sueño y la vigilia y remiten al despertar del todo. Se asocian a la falta de sueño, la fatiga y el estrés.
Parasomnias en niños y en adultos
Muchas parasomnias son propias de la infancia y tienden a desaparecer en la adolescencia. Las pesadillas, por ejemplo, tienen una prevalencia de entre el 10% y el 50% en niños de 3 a 6 años; ocurren en fase REM, en la segunda mitad de la noche, y el niño se despierta con un recuerdo detallado y sin la confusión típica de los terrores nocturnos.
- Muy frecuentes (hasta 1 de cada 2 entre los 3 y 6 años tiene pesadillas)
- Suelen ser benignas y remitir con la edad
- Lo primero es tranquilizar a la familia y cuidar la rutina de sueño
- Se consulta si son muy frecuentes, hay riesgo de lesión o afectan al día
- Menos comunes: si aparecen de nuevo, conviene estudiarlas
- El RBD puede ser un signo precoz de enfermedad neurológica
- Se descartan otros trastornos (apnea, epilepsia) con una prueba de sueño
- Casi siempre se controlan con tratamiento y medidas de seguridad
¿Cuándo conviene consultar cuanto antes?
- Episodios violentos que te lesionan a ti o a tu pareja
- Sospecha de trastorno de conducta REM (representar los sueños)
- Aparición nueva en la edad adulta
- Somnolencia diurna intensa o sueño no reparador
- Sonambulismo con riesgo (salir de casa, cocina, escaleras)
- Mucho impacto emocional o miedo a dormir
Causas y desencadenantes
No hay una única causa. Suelen combinarse varios factores, y muchos son modificables —de ahí que el tratamiento empiece por identificarlos y corregirlos.
Uno de los desencadenantes más habituales.
La privación de sueño dispara los episodios no-REM.
Alcohol y ciertos medicamentos los favorecen.
Sonambulismo y terrores nocturnos tienen carga familiar.
La apnea puede provocar despertares confusos.
Sobre todo en el RBD del adulto.
Diagnóstico en el Instituto del Sueño
La prueba clave es la vídeo-polisomnografía: registra tu sueño y lo graba en vídeo para ver qué ocurre exactamente.
Primera consulta
Historia clínica y relato de los episodios (tuyo y de tu pareja)
Vídeo-polisomnografía
Estudio del sueño con vídeo, en clínica o a domicilio
Diagnóstico
Tipo de parasomnia y descarte de apnea o epilepsia
Tratamiento
Medidas de seguridad, hábitos y fármacos si procede
Mi marido me daba golpes dormido cada noche y vivíamos con miedo. En el Instituto le hicieron el estudio con vídeo, le diagnosticaron un trastorno REM y hoy dormimos tranquilos los dos.
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Resolvemos tus dudas
¿Las parasomnias son peligrosas?
¿Se curan?
¿Es lo mismo que epilepsia?
¿Debo despertar a un sonámbulo?
Mi hijo tiene terrores nocturnos, ¿lo superará?
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Contenido revisado por el equipo médico del Instituto de Investigaciones del Sueño.
