En corto
La apnea obstructiva del sueño (AOS) son pausas repetidas de la respiración mientras duermes por el cierre de la vía aérea. Está infradiagnosticada y se asocia a hipertensión, ictus, infarto, diabetes y accidentes por somnolencia. La buena noticia: con un estudio del sueño se diagnostica bien y el tratamiento (CPAP y otras opciones) es muy eficaz.
Cuando la respiración se detiene al dormir
En la apnea obstructiva, los tejidos de la garganta se relajan y bloquean el paso del aire de forma repetida durante la noche. Cada pausa (apnea) o reducción del flujo (hipopnea) baja el oxígeno en sangre y provoca un microdespertar del que no eres consciente, pero que fragmenta tu sueño decenas o cientos de veces cada noche.
El resultado es un sueño que no descansa: la persona ronca de forma intensa, hace pausas que a menudo nota la pareja, se despierta con sensación de ahogo o con la boca seca, y arrastra somnolencia durante el día. Con el tiempo, ese estrés repetido sobre el organismo pasa factura al corazón y al metabolismo.
Es un problema muy frecuente —más en hombres, con el sobrepeso y a partir de la mediana edad— pero puede afectar a cualquiera, incluidos niños. Y, sobre todo, es tratable.
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Grados de la apnea del sueño
La gravedad se mide con el índice de apnea-hipopnea (IAH): pausas por hora de sueño. Toca cada nivel:
Apnea leve
Entre 5 y 15 pausas por hora. Puede mejorar mucho con medidas conservadoras: perder peso, evitar dormir boca arriba, no beber alcohol por la noche y, en casos seleccionados, un dispositivo de avance mandibular.
Apnea moderada
Entre 15 y 30 pausas por hora, con impacto claro en el descanso y la salud. Suele requerir tratamiento activo, habitualmente CPAP, valorando también las causas anatómicas y el peso.
Apnea grave
Más de 30 pausas por hora. Es la que más se asocia a hipertensión, arritmias, ictus e infarto. El tratamiento con CPAP es muy eficaz y mejora tanto el descanso como el riesgo cardiovascular.
Apnea central del sueño
A diferencia de la obstructiva, aquí el cerebro deja momentáneamente de enviar la orden de respirar. Es menos común, se asocia a ciertas enfermedades cardíacas o neurológicas y requiere un abordaje específico.
No es solo cansancio: es un riesgo para tu salud
La apnea no tratada mantiene al organismo en estrés cada noche. A largo plazo se asocia a hipertensión arterial, arritmias, mayor riesgo de infarto e ictus, resistencia a la insulina y diabetes tipo 2, y a más accidentes de tráfico y laborales por la somnolencia. También afecta al ánimo, la memoria y la vida en pareja.
La otra cara es igual de clara: tratar la apnea revierte buena parte de ese riesgo, mejora la tensión, la energía y la concentración, y devuelve un sueño reparador. Por eso merece la pena diagnosticarla y no dejarla pasar.
Qué favorece la apnea
Suelen sumarse varios factores. Algunos son modificables, y ahí trabajamos.
El exceso de grasa en el cuello estrecha la vía aérea.
Mandíbula pequeña, amígdalas grandes, tabique desviado.
Relajan la garganta y agravan las pausas.
Más frecuente en hombres y a partir de la mediana edad.
Dificulta respirar por la nariz al dormir.
Amígdalas y vegetaciones grandes son la causa habitual.
Diagnóstico en el Instituto del Sueño
La prueba clave es la polisomnografía o la poligrafía respiratoria, que se pueden hacer en el laboratorio o en tu domicilio.
Primera consulta
Valoración de síntomas, exploración y factores de riesgo
Estudio del sueño
Polisomnografía o poligrafía, en clínica o a domicilio
Diagnóstico (IAH)
Medimos la gravedad y descartamos otras causas
Tratamiento
CPAP, dispositivo mandibular o medidas según tu caso
El tratamiento que te devuelve el descanso
El tratamiento se ajusta a la gravedad y a la causa. En la apnea moderada y grave, la CPAP —un pequeño equipo que mantiene la vía aérea abierta con aire a presión— es el tratamiento más eficaz: elimina las pausas, corta los ronquidos y mejora la energía y la tensión desde las primeras semanas. Hoy son equipos silenciosos y cómodos, y acompañamos la adaptación para que funcione.
Otras opciones
En apneas leves o casos seleccionados valoramos el dispositivo de avance mandibular, la terapia posicional (evitar dormir boca arriba), la pérdida de peso y el tratamiento de la nariz. Cuando hay una causa anatómica clara, coordinamos con cirugía. La clave es un plan personalizado y con seguimiento.
Roncaba tanto que dormíamos en cuartos separados y me quedaba dormido en el trabajo. Con la CPAP se acabaron las pausas: tengo energía y hemos vuelto a la misma cama.
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Resolvemos tus dudas
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Contenido revisado por el equipo médico del Instituto de Investigaciones del Sueño.
