¿El azúcar afecta al sueño?
Sí. Un nivel alto de glucosa en sangre acorta el sueño profundo —justo la fase reparadora— y se asocia a apnea, insomnio y despertares nocturnos. El azúcar inhibe la orexina (implicada en la regulación del sueño) y aumenta la inflamación. Controlar la glucosa, sobre todo por la noche, ayuda a dormir mejor.
Está comprobado científicamente que, cuando hay un mayor nivel de azúcar o glucosa en sangre, las personas desarrollan dificultad para dormir y su sueño profundo se acorta. El consumo excesivo, en cualquiera de sus presentaciones, es responsable de enfermedades como el síndrome metabólico y la diabetes, así como de problemas de sueño.
Balance en la dieta diaria
A diario comemos muchos productos que nos aportan azúcar: harinas procesadas, zumos pasteurizados e incluso determinadas frutas naturales muy dulces. Los alimentos y bebidas que ingerimos nos proporcionan los ingredientes para sintetizar los neurotransmisores que intervienen en la vigilia y el sueño.
Algunos alimentos ya contienen azúcar de forma natural, pero además suele añadirse durante el procesamiento en forma de jarabe de maíz, fructosa, concentrado de zumo, sacarosa, glucosa, dextrosa, jugo de caña, malta, melazas, lactosa, miel o maltodextrina; puedes verificarlo en la etiqueta. Por eso los especialistas recomiendan consumir comidas hipocalóricas por la tarde o la noche, para favorecer la síntesis de hormonas que promueven el sueño. De lo contrario, las comidas muy energéticas suponen una digestión más lenta, pesadez, gases, dificultad para conciliar el sueño e incluso pesadillas.
Diversas investigaciones concluyen que el consumo de grandes cantidades de azúcar hace que el sueño profundo sea más corto de lo que debería. Es justo en esa fase cuando el organismo realiza las funciones reparadoras, metabólicas y del sistema inmune; si se interrumpen, la salud se resiente. Los trastornos del sueño relacionados con niveles altos de azúcar en sangre son la apnea, el insomnio y los despertares continuos.
¿Cómo afecta el azúcar a nuestros patrones de sueño y vigilia?
El azúcar aumenta la inflamación sistémica, generando alteraciones físicas y psicológicas que perturban el descanso nocturno. La explicación está en la orexina, una hormona que participa en la regulación del sueño: cada vez que consumimos algo dulce, el azúcar inhibe su actividad, reduce sus niveles e induce al mal dormir.
Tanto el exceso como la ansiedad por comer algo dulce por la noche inciden negativamente en la calidad y la cantidad del sueño. Trata de mantener controlados tus niveles de glucosa en sangre y verás cómo tendrás dulces sueños.
Preguntas frecuentes
¿Tomar dulce por la noche me quita el sueño?
Puede: el azúcar inhibe la orexina y acorta el sueño profundo, dificultando un descanso reparador.
¿Qué cena favorece el sueño?
Una cena ligera e hipocalórica, evitando azúcares y alimentos muy energéticos en las horas previas a acostarte.
¿Llevas semanas durmiendo mal?
Una valoración con un especialista del sueño puede darte el diagnóstico y la solución.
Analizamos tus hábitos y las causas de tu insomnio para ayudarte a recuperar el descanso.


