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REMINISCENCIA DEL SUEÑO ANCESTRAL

Dr. Diego García-Borreguero Revisado por el equipo médico del Instituto del Sueño · 4 de febrero de 2016
REMINISCENCIA DEL SUEÑO ANCESTRAL
En corto

¿Por qué nos despertamos varias veces por la noche?

Es probable que sea una reminiscencia del ritmo de sueño que tuvieron nuestros antepasados antes de la luz artificial. Un estudio pionero del Dr. Wehr mostró que, sin luz artificial, el sueño humano tiende a organizarse en dos bloques separados por un tramo de vigilia relajada a media noche, en lugar de las 7-8 horas continuas que consideramos \»normales\» hoy.

Tu reloj biológico marca un ritmo circadiano: variaciones cíclicas que se repiten cada 24 horas y regulan cuándo duermes y cuándo estás despierto. Ese ritmo cambia con la edad. Los bebés duermen cada tres o cuatro horas, despertando para alimentarse a lo largo de todo el día, sin diferenciar entre la noche y el día. A medida que su sistema nervioso y digestivo maduran, el sueño nocturno se alarga y se sincroniza con la ausencia de luz, mientras el sueño diurno se reduce -primero a dos o tres siestas, después a una- hasta parecerse al patrón adulto.

En el adulto, el ritmo de sueño es bifásico y está claramente ligado a la luz y la oscuridad: dormimos de noche y permanecemos despiertos de día. Marcadores biológicos como la melatonina (que se secreta en condiciones de oscuridad), la temperatura, las hormonas y los neurotransmisores se activan cada día en sincronía con factores externos como la luz. Sin embargo, nuestra forma de vida actual, con exposición a luz artificial durante todo el día, está alterando estos ritmos. En consulta vemos con frecuencia a personas con alteraciones circadianas objetivas -marcadores de melatonina afectados- que necesitan suplementarla desde fuera.

El experimento del Dr. Wehr: dormir como antes de la luz artificial

Cuando el Dr. Wehr empezó a estudiar la fotoperiodicidad -la relación entre la luz y los ritmos humanos-, se sorprendió de la escasez de investigación en este campo, como si nos consideráramos más inmunes que los animales a estas influencias.

Su equipo trató de recrear con voluntarios las condiciones de sueño de nuestro pasado, antes de disponer de luz artificial: alargaron el periodo de reposo haciéndolo coincidir con la oscuridad. Cada noche, durante cuatro semanas, los participantes pasaban 14 horas en una habitación oscura, relajándose o durmiendo todo lo que pudieran, mientras se registraban sus niveles hormonales, la temperatura y las ondas cerebrales a intervalos regulares. Después, en una segunda fase, se repitieron las mediciones volviendo a la rutina habitual de dormir 7 u 8 horas.

Qué revelaron los resultados: un sueño en dos tramos con vigilia relajada

Al reproducir las condiciones de un invierno con noches largas, los voluntarios dormían primero cuatro o cinco horas dominadas por el sueño de ondas lentas, y después, ya cerca del amanecer, otras cuatro horas con predominio de sueño REM (el de las ensoñaciones y sueños vívidos). Entre ambos tramos aparecía un periodo de vigilancia relajada, casi meditativa, que podría tener una función de supervivencia -comprobar que no hay peligro en mitad de la noche- y que coincidía con una liberación sostenida y prolongada de prolactina y melatonina, que caía bruscamente al volver al patrón habitual de 7 horas. También se observaron cambios en la hormona de crecimiento y en la temperatura, lo que sugiere que conservamos, de algún modo, una capacidad ancestral para responder a los cambios en la duración del día y la noche, las estaciones o los cambios de horario.

Un hallazgo que invita a la reflexión

Sin luz artificial, el sueño se reparte en dos bloques de cuatro-cinco horas separados por un tramo de vigilia relajada a media noche, con liberación sostenida de melatonina y prolactina que desaparece en cuanto volvemos a dormir 7 horas de un tirón.

Ante estos cambios bruscos, frecuentes y rápidos en nuestra exposición a la luz, estos mecanismos de adaptación probablemente se ponen en marcha, aunque todavía no conocemos con certeza sus efectos sobre la salud ni las diferencias individuales por sexo, edad o factores genéticos. Queda un largo camino de investigación por recorrer que puede despejar dudas relevantes para el tratamiento de los problemas de sueño: ¿podrían los despertares tan frecuentes a media noche ser una reminiscencia de un pasado en el que pasábamos muchas más horas en la cama? Esta y otras preguntas se irán aclarando a medida que avance esta línea de investigación.

DG
Revisado por el Dr. Diego García-BorregueroDirector médico · Instituto de Investigaciones del Sueño · Actualizado 08/2026
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