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¿LA SIESTA ENGORDA?

Dr. Diego García-Borreguero Revisado por el equipo médico del Instituto del Sueño · 19 de diciembre de 2015
¿LA SIESTA ENGORDA?
En corto

¿La siesta engorda?

No. Según el Dr. García-Borreguero, la siesta es demasiado corta para interferir en el metabolismo, así que ni engorda ni adelgaza. La siesta perfecta es breve (20-30 minutos), a oscuras y, mejor, sentado o reclinado para no caer en sueño profundo. Ofrece beneficios en niños (aprendizaje) y mayores (previene infartos).

En verano, la siesta nos ayuda a regular la temperatura corporal frente al calor exterior, pero, bien hecha, ofrece otros beneficios en niños (mejora su capacidad de aprendizaje) y en mayores (previene infartos). Estas son las claves de la siesta perfecta, según el doctor Diego García-Borreguero, director del Instituto del Sueño de Madrid, y otros expertos.

Las claves de la siesta perfecta

No tomes café después. Aunque es habitual tomar uno para estimularse tras la siesta, no es necesario: «La cafeína bloquea la adenosina, neurotransmisor inhibidor del sistema nervioso central, y estimula el cerebro, manteniéndonos más despiertos. Si dormimos unos minutos por la tarde, se convierte en una sustancia innecesaria», asegura García-Borreguero.

No comas en exceso antes. «El alcohol inicialmente induce al sueño, pero cuando sus niveles en sangre bajan se produce una reacción del sistema nervioso simpático que provoca microdespertares, desvelándonos o llevándonos a una duermevela que no repara. Un atracón también facilita la somnolencia, aunque en menor medida; eso sí, una digestión pesada hará que el sueño sea de peor calidad, y tumbarnos dificultará la digestión», explica el doctor.

La siesta no engorda. «Durante el sueño liberamos leptina, cuya función es transmitir sensación de saciedad. La siesta es demasiado corta para interferir en procesos metabólicos, por lo que, a pesar de las leyendas, ni engorda ni adelgaza.»

Siempre a oscuras. El doctor estadounidense James Maas explica en su libro Sleep for Success! que una de las claves de la siesta perfecta es dormirla a oscuras: «Hay que bloquear la luz, incluso con un antifaz».

Solo unos minutos. «La siesta debe ser breve, entre 20 y 30 minutos como máximo, aunque diez minutos ya tienen efectos beneficiosos sobre el rendimiento.» García-Borreguero advierte del riesgo de dormir más: «Es importante no entrar en el sueño profundo, del que costaría más despertar; pone en marcha mecanismos cerebrales que harán que tardemos en reactivarnos, con sensación de cansancio, y además nos cobrará un peaje respecto a la capacidad de dormir luego por la noche».

Abre la ventana. El fisioterapeuta Joan Gallart aconseja, para favorecer la oxigenación, descansar con alguna ventana abierta o, mejor aún, al aire libre; en verano, a la sombra.

Mejor sentado o reclinado. «Una siesta sentado o reclinado favorece que no sea demasiado larga. Durante el sueño se produce una relajación del tono muscular que llega a ser casi completa en fase REM; esa atonía hace que, si estamos sentados, nos despertemos, mientras que tumbados no ocurre y no le ponemos límite», responde el doctor.

Consulta tu reloj. «Nuestro mecanismo circadiano actúa como un reloj: los ciclos de mayor propensión al sueño son entre las cuatro y las cinco de la tarde, entre las diez y las once de la noche y entre las cinco y las seis de la mañana; entre las siete de la tarde y las nueve de la noche la propensión es muy baja.» La palabra «siesta» proviene de la hora sexta romana (las dos de la tarde); se cree que fue San Benito Abad quien la bautizó así, y por eso es el patrón de la siesta.

¿Quién se echa la siesta?

Que los españoles seamos el país más aficionado a la siesta es un tópico que la revista Neurology desmintió en un estudio: alemanes (22%), italianos (16%) y británicos (15%) afirman echarse un sueñecito al menos tres tardes por semana; los españoles, con un 8%, ocupamos la cuarta posición. «El cerebro autorregula la temperatura corporal; la función histórica de la siesta en la España mediterránea y rural era cortar en las horas centrales del día para regular esa temperatura», explica García-Borreguero. Paradójicamente, ahora dormimos más la siesta en vacaciones, compensando los calores playeros.

Winston Churchill no perdonó su siesta durante la II Guerra Mundial («la naturaleza no había previsto que la humanidad trabajara de las ocho de la mañana a la medianoche sin el refresco del bienaventurado sueño, que, aunque dure solo 20 minutos, basta para renovar las fuerzas»). En China, el derecho a la siesta está recogido en su Constitución —muchos oficinistas la duermen apoyando la cabeza sobre los brazos—, y los maestros del yoga experimentan un «sueño lúcido» (yogic sleep) de máxima relajación sin perder la consciencia.

Preguntas frecuentes


¿Necesito café después de la siesta?

No, si la siesta es breve: al dormir unos minutos, la cafeína se vuelve innecesaria.


¿Mejor en la cama o en el sillón?

Mejor sentado o reclinado: así la propia relajación muscular te despierta y la siesta no se alarga en exceso.


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Fuentes
  1. Declaraciones del Dr. Diego García-Borreguero. Vía El País – Buenavida.
DG
Revisado por el Dr. Diego García-BorregueroDirector médico · Instituto de Investigaciones del Sueño · Actualizado 08/2026
✓ Contenido médico revisado

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