¿DORMIR DE DÍA O DE NOCHE?

22 mayo 2017

Dormir durante el día ofrece problemas fundamentalmente ambientales. Hay mayor nivel de ruido, los niveles de oscuridad con mucha frecuencia no son los adecuados, hay interrupciones por llamadas… En el caso de que nos metiéramos en un búnker de experimentación completamente aislado, el sueño durante el día en principio podría ser el mismo, y un trabajador nocturno, que nunca cambiara al turno diurno, en teoría podría dormir normalmente, y tener una calidad de vida similar a la de un trabajador diurno; lo que ocurre es que eso nunca se da en la práctica. El trabajador nocturno, por motivos sociales, familiares, o de otro tipo, va a verse obligado a cambiar el ritmo en algún momento.

Primero, la mayoría de los trabajadores por turnos lo que están haciendo es cambiar constantemente ese ritmo, y precisamente lo difícil es el cambio. Si a mí me dijeran que hay alguien que trabaja por la noche siempre y que duerme durante el día siempre, y que consigue un grado de aislamiento durante el día suficiente, creo que en principio esa persona no iba a tener ningún tipo de problema, pero se trata de una situación hipotética, porque en la práctica no existe, ya que tiene que ir cambiando el ritmo para coincidir con su familia, y si no tiene familia para ver a los amigos, o para ir al banco… Además, es difícil evitar absolutamente el mayor nivel de ruido durante el día –a menos que viva aislado en el campo–.

En definitiva, el problema es que, generalmente, la gente que trabaja de noche tiene que estar cambiando el ritmo con frecuencia, mientras que los que trabajamos de día no tenemos ese problema. El organismo se adapta. Si viajamos a Los Ángeles, lo que estamos haciendo es alargar el día, pero nuestro cuerpo se adapta tras unos cuantos días. Es lo que se conoce como ‘jet lag’, que en algunas personas puede durar una semana y en otras diez días, pero en algún momento se produce la adaptación. El problema de un trabajador nocturno, incluso aunque no rote de turno, es que sus necesidades sociales, familiares, etcétera, le obligan a cambiar el horario de sueño ocasionalmente, y la calidad de vida entonces sí que se ve alterada.

Sonia Esquinas para el IIS

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