Parasomias sexuales

26 agosto 2015

Cuenta la leyenda (en una de sus versiones) que el pastor Endimión, las noches que hacía buen tiempo, caía dormido desnudo observando la luna. No sabía que la propia luna, materializada en la figura de la diosa Selene, bajaba a visitarle mientras dormía y le amaba sin despertarle. Tanto es así que llegaron a tener 50 hijas, porque mantenían relaciones sexuales: despierta ella, dormido él. La mitología griega recogía ya la práctica del sexo estando dormido, y la ficción lo sigue haciendo ahora, en versiones mucho más modernas, como por ejemplo la saga de literatura erótica Crossfire, de Sylvia Day. Pero los sexámbulos (sonámbulos sexuales) no son solo ficción, sino una realidad sobre la que la ciencia pone cada vez más atención.

En los últimos años, diversos estudios han ido recogiendo casos en los que no tanto los pacientes, sino más bien sus parejas, atestiguaban que sus partenaires se masturbaban o parecía que mantenían relaciones sexuales mientras dormían, ronquidos incluidos. Bromas y curiosidades aparte, la sexsomnia (así se llama este estado) plantea grandes retos y dilemas, sobre todo cuando la persona que está dormida agrede a una tercera sin ser capaz de recordar absolutamente nada al día siguiente.

Cuando hablamos de sexsomnia, por tanto, no estamos hablando de tener un sueño húmedo, ni de una erección o una polución nocturna, sino de llegar realmente a ponerse manos a la obra. Se trata de un tipo concreto de parasomnia, es decir, de un trastorno del sueño que ocurre de forma intermitente o de forma episódica durante la noche, que incluye, en este caso, conductas sexuales. Si bien, al tratarse de un terreno tan íntimo, no se tienen aún datos concretos y fiables respecto a su incidencia, sí se sabe que en general, las parasomnias (entre las que también estaría el sonambulismo) se dan en menos del 6% de la población adulta.

Gemidos y caricias

El término sexsomnia, en realidad, no aparece hasta 2003, aunque ya en los años noventa habían comenzado investigaciones a este respecto. Lo acuña el psiquiatra y director del laboratorio de Investigación del Sueño de la Universidad de Toronto, Colin Shapiro, cuando publica su investigación Sexsomnia, ¿una nueva parasomnia? Esta recoge los informes de los casos clínicos de 11 pacientes, y extrae algunas conclusiones, entre ellas, que la sexsomnia tiene rasgos distintivos que la separan de otro tipo de sonambulismo, y que el sonambulismo suele ocurrir nada más dormirse, mientras que la sexsomnia se produce en cualquier fase.

Uno de los casos más llamativos de esta investigación es el de DW, un policía divorciado de 43 años. La información llega no tanto por su experiencia, sino por el relato que expusieron dos de sus parejas, que no sabemos sí se conocían entre sí, pero que aseguraron que el sujeto era mejor amante dormido que despuerto, ya que, en su estado de sexámbulo, se mostraba “más cariñoso y delicado al tiempo que preocupado por el placer de la mujer que cuando estaba despierto”. De hecho, a lo largo de los años, Diego García-Borreguero, neurólogo y director del Instituto de Investigaciones del Sueño de Madrid, ha llegado a ver casos en consulta de personas que cambian de actitud durante los episodios de sexsomnia, “incluso en su orientación sexual, dándose conductas homosexuales en personas habitualmente heterosexuales y viceversa”.

Otro hecho a destacar en la investigación de Shapiro es que en las mujeres, el comportamiento más habitual no era la relación sexual, sino la masturbación. De esta manera, los casos más dramáticos solían darse en varones, ya que algunos pacientes habrían llegado a abusar de otras personas.

Según las investigaciones, en las mujeres el comportamiento más habitual no es la relación sexual, sino la masturbación

Diego García-Borreguero explica: “La sexsomnia puede o bien implicar la realización de una conducta sexual o, alternativamente, la percepción -errónea- de ser objeto de la misma. Es importante tener en cuenta que la persona que sufre sexsomnia no está consciente mientras realiza la actividad sexual y no tiene ningún control sobre la misma”.

Las conductas sexuales que pueden darse durante el sueño son diversas. El neurólogo estima que un 19% de los pacientes sexámbulos realiza vocalizaciones y gemidos, y el 45% pasa a las caricias. Van más allá ese 7% que se masturba mientras duerme, y sobre todo ese 42% que realiza plenamente el acto sexual durante el sueño (teniendo en cuenta que estas conductas no son excluyentes entre sí).

¿Por qué ocurre?

Recientemente, expertos del Instituto Clínico de Neurociencias del Hospital Clínic de Barcelona publicaron su estudio Sexomnia: parasomnia asociada con la conducta sexual, basado en la historia clínica y en grabaciones de los pacientes diagnosticados con sexomnia de dicho hospital. Una de sus conclusiones es que algunos otros trastornos del sueño -incluyendo la apnea del sueño y el síndrome de movimientos periódicos de las piernas- podían llegar a desencadenar episodios de sexsomnia.

Lo cierto es que no hay una única explicación para la sexsomnia, aunque sí se conoce cada vez más información. Según García-Borreguero, este es un trastorno mucho más común en hombres que en mujeres (de cada 10 casos, 8 son varones); igualmente, se sabe que estos episodios suelen comenzar a aparecer en la veintena, aunque en las mujeres pueden aparecer antes, en torno a la pubertad; y que una vez que se inicia suele cursar de manera crónica, produciéndose con frecuencia múltiples episodios a lo largo del tiempo.

Alcohol y otras drogas

Parecen datos sencillos, pero son relativamente nuevos, y es que poco se ha sabido durante mucho tiempo de los llamados sexámbulos, pero según avanzan las investigaciones, se ha ido descubriendo que se trata de una alteración del sueño más común de lo que parece, y sus causas, por norma general, son similares a las de otras parasomnias. La primera, el consumo de sustancias tóxicas como alcohol o drogas, pero también de algunos fármacos. “Algunos medicamentos tan comunes como las benzodiacepinas y otros hipnóticos relacionados, a partir del momento en que son absorbidos y alcanzan una concentración máxima en sangre, producen lo que se llama amnesia anterógrada, es decir, la persona no recordará nada de lo acontecido a lo largo de las siguientes horas, esté dormida o despierta. Así, cualquier actividad sexual realizada tras la toma de esta medicación será plenamente consciente (no se trata por tanto de una parasomnia en el sentido estricto), pero no será recordada al día siguiente”, detalla el neurólogo García-Borreguero.

Si bien estos son casos más aislados, gran parte de estos trastornos del sueño tienen que ver con otras patologías. “Por ejemplo, con algunos cuadros de origen psiquiátrico, como los cuadros disociativos [pérdida parcial o completa de la integración psíquica normal, en especial de la memoria y de la conciencia]”, apunta García Borreguero. “Pero también con algunos tipos de epilepsia, que pueden manifestarse en forma de conducta sexual durante el sueño, aunque esta sea poco habitual”, añade. Asimismo, influye la presencia de otros trastornos del sueño, o los antecedentes familiares de esta u otra parasomnia.

¿Qué hacer si nuestra pareja es sexámbula?

El experto indica que podemos despertar al ‘sexámbulo’ siempre que sea preciso

Queda claro que a diferencia de otros trastornos del sueño, o de otros casos de sonambulismo, el mayor riesgo de la sexsomnia es que implica que puede ponerse en riesgo a la persona con la que compartimos cama, o incluso casa. Por ello es importante desechar falsos mitos, y recordar que sí podemos despertarles. El experto insiste en que si nuestra pareja o familiar sufre un episodio de sexsomnia, al igual que en los casos de sonambulismo, se puede intentar reconducir la situación de manera que la persona afectada retome el sueño y, siempre que sea preciso, despertarles. “No debería resultar difícil. Es posible que la persona afectada esté confusa inicialmente, pero al poco tiempo volverá a dormirse”, detalla.

Por supuesto, si esta conducta aparece de forma repetitiva es necesario acudir a un especialista del sueño. Además de tomar nuestras propias medidas: evitar todos los factores de riesgo, tales como cierta medicación, alcohol o cualquier otra sustancia psicoactiva, así como mantener unos correctos hábitos del sueño, asegurando especialmente que la persona afectada duerme lo suficiente y lo hace con horarios regulares. Otro tipo de tratamientos más específicos, como los farmacológicos, “se reservan para los casos de mayor riesgo y en los que las medidas anteriores no han funcionado”, concluye el director del Instituto de Investigaciones del Sueño.

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