¿Debe el sueño de los niños tener la misma prioridad que su alimentación?
Sí: el sueño infantil merece la misma atención que la comida. La cantidad y la calidad del descanso influyen directamente en el comportamiento y la salud de los niños, así que mantener horarios estables y siestas de duración adecuada suele ser tan importante como cuidar lo que comen.
En la crianza diaria solemos vigilar con lupa cuánto come un niño, pero prestamos mucha menos atención a cuánto y cómo duerme. Desde el Instituto de Investigaciones del Sueño insistimos en que ambos aspectos —alimentación y descanso— deben ocupar el mismo nivel de prioridad, porque el sueño infantil no es un tiempo “de más”, sino una necesidad tan básica como comer.
El sueño, tan prioritario como la alimentación
Es habitual estar muy pendiente de cuánto come un niño y, si no nos sentimos satisfechos como padres, buscar la manera de que coma algo más. Con el sueño debería ocurrir lo mismo. Fíjate en los adultos: cuando están muy cansados, prefieren dormir antes que comer. En los niños, mucho más sensibles a todo, esta prioridad es todavía más evidente.
Por eso conviene que te ocupes con el mismo interés de que los más pequeños duerman lo suficiente, tanto en cantidad como en calidad. Sabemos que el día a día recorta tiempos: las mañanas son cortas y los horarios de trabajo y colegio acortan las horas de sueño. Esa presión se puede compensar acostando a los niños a horas adecuadas y respetando sus siestas, que conviene programar también a horas apropiadas y que nunca deberían superar las dos horas, porque una siesta más larga suele adelantar el despertar y retrasar la hora de acostarse por la noche.
Por qué la rutina de sueño no admite excepciones
Los horarios de sueño deberían ser, en la medida de lo posible, una rutina fija y prioritaria ante cualquier circunstancia: el desorden en esta área de la vida de los niños puede derivar en problemas de comportamiento y orgánicos. No conviene dejarse llevar por la frase tan repetida de “si no duermen ahora, ya dormirán después”, porque no responde a la realidad y no beneficia en absoluto a la crianza integral de los más pequeños.
Sonia Esquinas, para el IIS
Besos, abrazos y rutinas también en los horarios de sueño: esa es la fórmula perfecta para que los niños se sientan seguros y felices.
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