¿Qué hago si mi hijo tiene pesadillas?
Acompáñalo y tranquilízalo haciéndole ver que solo ha sido un sueño; si lo necesita, quédate hasta que se duerma. Al día siguiente, en calma, pregúntale por la pesadilla para descubrir qué le preocupa. Las pesadillas se relacionan con la ansiedad, y una buena higiene del sueño ayuda a prevenirlas.
Las pesadillas son uno de los trastornos del sueño más frecuentes. Son sueños angustiosos que se recuerdan al despertar y suelen relacionarse con un nivel de ansiedad alto. Los niños también están expuestos a esa ansiedad: el estrés, el divorcio de los padres, la muerte de un ser querido, los conflictos con las notas o los compañeros o las preocupaciones del hogar pueden originarlas.
Cuándo prestar atención
Si la frecuencia llama la atención —no una pesadilla aislada— y como cuidadores no logramos determinar qué le preocupa, conviene investigar, porque hay algo que le genera mucha ansiedad. Cuando el menor sufre este trastorno, termina llorando y despertándose, llamando muy asustado a sus padres.
Consejo
En el momento, ve a acompañarlo y tranquilizarlo: hazle ver que solo ha sido un sueño. Si está intranquilo y quiere que te quedes, siéntate a su lado hasta que se duerma, diciéndoselo para no engañarlo. Al día siguiente, en un momento tranquilo, pregúntale por la pesadilla.
- Mantén rutinas y horarios adecuados a su edad.
- Cenas ligeras.
- Nada de dispositivos móviles antes de dormir.
- Mantén a raya el estrés diario.
- Evita las películas de terror.
- Acostumbrarlo a ir a la cama a dormir, no a quedarse dormido donde le pille.
- Relativizar: muchas veces la vida no es para tanto.
Pesadillas y terrores nocturnos no son lo mismo
Es fácil confundirlos, pero son distintos. En las pesadillas el niño se despierta, está asustado, te reconoce y muchas veces recuerda el sueño; ocurren en la segunda mitad de la noche (fase REM). En los terrores nocturnos, en cambio, el niño grita o llora muy agitado pero sigue dormido, no te reconoce y al día siguiente no recuerda nada; suceden en la primera parte de la noche. Ante un terror nocturno no hay que despertarlo: basta con velar por su seguridad y esperar a que se calme.
¿A qué edad son normales las pesadillas?
Las pesadillas son muy frecuentes entre los 3 y los 6 años, cuando la imaginación se dispara y aún cuesta distinguir lo real de lo imaginado, y suelen ir disminuyendo con la edad. Una pesadilla ocasional forma parte del desarrollo normal; lo que conviene vigilar es que se vuelvan muy frecuentes o que alteren de forma importante el descanso del niño y de la familia.
Preguntas frecuentes
¿Debo despertarlo durante una pesadilla?
En las pesadillas el niño se despierta solo y asustado; tu papel es acompañarlo y tranquilizarlo, no forzar nada.
¿Cuándo consultar?
Si son muy frecuentes y no logras identificar qué le angustia, conviene una valoración para abordar la causa.
¿Cuál es la diferencia entre una pesadilla y un terror nocturno?
En la pesadilla el niño se despierta, te reconoce y recuerda el sueño; en el terror nocturno sigue dormido, no te reconoce y no lo recuerda al día siguiente.
¿Llevas semanas durmiendo mal?
Una valoración con un especialista del sueño puede darte el diagnóstico y la solución.
Valoramos las parasomnias infantiles y ayudamos a identificar qué genera su ansiedad.


