06/08/2012

6 agosto 2012

El Síndrome del Lunes

A Marta M., de 35 años de edad, le gustaba su
trabajo. Estaba encargada en su empresa de un tema que le interesaba y se
sentía motivada. Tenía buenos compañeros y un clima realmente agradable. Solía
coger el fin de semana con ilusión. Durante la semana trabajaba mucho, y solía
dormir entre las 11 y las 6:30 de la mañana. Llevando este horario, durante los
días laborables no solía padecer de insomnio. El viernes por la noche, debido a
que al día siguiente no tenía que madrugar, aprovechaba para acostarse a las 2.
El sábado se levantaba a las 10, y por la tarde dormía hasta 90 minutos de
siesta. Por la noche solía salir, no acostándose nunca antes de las 2:30, de
manera que el domingo se levantaba a las 11:30, durmiendo además durante 60
minutos después de comer. Nada anormal, pensarán. El problema era que los lunes
trabajaba, como suele ser normal. La noche del domingo no conseguía dormir hasta
las 3, despertándose a las 6.30 de la mañana como era común en ella los días
laborales. El lunes por la mañana se levantaba cansada, irritable, y en el
trabajo le costaba concentrarse. Debido a que se encontraba soñolienta, tomaba
café para mantenerse despierta, pero éste no hacía más que ponerle nerviosa e
irritable. El lunes por la noche tenía el mismo problema, aunque en mucho menor
grado, durmiendo sin dificultad durante el resto de la semana.

El caso de Marta, es un ejemplo típico del llamado “Síndrome del Lunes”. Como
vemos, a lo largo del fin de semana retrasamos tanto la hora en la que nos
acostamos como la hora en la que nos levantamos. Ambos actos, levantarnos y
acostarnos, tienden a retrasarse debido a esta edad la duración intrínseca del ritmo
sueño-vigilia es superior a 25 horas. De esta manera el ritmo propio del
organismo se va retrasando a lo largo del fin de semana con respecto al reloj
de la pared. Así, el domingo por la noche, mientras el reloj de la pared
marcaba las 11 (hora habitual de acostarse), su reloj interior todavía marcaba
las 7 de la tarde, lo cual explica que no tuviera ningún sueño. Tampoco es de
extrañar que le costara despertarse, ya a las 6:30 de la mañana su reloj
interno todavía marcaba las 2:30.

El malestar de Marta los lunes por la noche se debe fundamentalmente a dos
factores:

· Falta de sincronización entre horario interno y externo, y

· Supresión de sueño la noche del domingo al lunes.

En absoluto se trata de un problema grave, ya que, como hemos visto, se
resuelve por si sólo. Por supuesto, no queremos decir que para evitarlo debería
no salir por la noche. No vemos mayor problema en ello, en la medida en que
seamos conscientes de las causas por las que ocurre lo que ocurre. De todas
formas, si queremos evitarlo, una medida a tomar sería procurar levantarnos el
domingo a mitad de camino entre la hora a la que nos levantamos el sábado y la
que nos levantamos normalmente durante la semana, y todo ello al margen de a
qué hora nos hallamos acostado por la noche. La otra medida a tomar debería ser
suprimir (o al menos acortar considerablemente) la siesta del domingo.

(extracto del libro “Dormir, dormir,…” D. Garcia-Borreguero,
M. Iglesias. Ed. Popular, 2001, ISBN 9788493028985)