05/03/2012

5 marzo 2013

I JORNADA SES SOBRE ‘CONTROVERSIAS EN MEDICINA DEL SUEÑO’
Las pruebas en vigilia mejoran el diagnóstico del síndrome de piernas inquietas.

El síndrome de apnea-hipopnea del sueño residual en la infancia provoca problemas de desarrollo y alteraciones neurocognitivas.
Con el objetivo de poner en común y debatir las últimas novedades en diagnóstico y tratamiento de los trastornos de sueño, la Sociedad Española de Sueño (SES) ha reunido en Madrid a destacados especialistas nacionales e internacionales con motivo de su I Jornada SES sobre ‘Controversias en
Medicina del Sueño’.
“La Medicina del Sueño es un campo novedoso que está en constante evolución y que tiene una gran demanda por parte de la población, ya que alrededor de un 20 por ciento de los españoles presenta algún trastorno relacionado con el sueño”, explica Diego García-Borreguero, presidente de
la SES. Por esta razón, esta jornada se ha convertido en un foro de debate entre profesionales de las distintas áreas terapéuticas implicadas en el abordaje de los trastornos de sueño, como neurólogos, neumólogos, neurofisiólogos y pediatras, entre otros, para analizar el abordaje del sueño
desde un punto de vista multidisciplinar.
Una de las ponencias de la jornada ha analizado los últimos hallazgos en diagnóstico de síndrome de piernas inquietas (SPI). Según García-Borreguero, “a día de hoy, la detección de SPI se realiza generalmente en base a la presencia de ciertos síntomas en la historia clínica de la persona. Sin embargo, los resultados suelen ser imprecisos ya que, con frecuencia, el paciente tiene dificultades para describir las sensaciones que vive con precisión”.
Dada la alta prevalencia de la enfermedad y la frecuente necesidad de tratamiento crónico (aproximadamente en el 70 por ciento de los casos), numerosos especialistas de todo el mundo han elaborado ya un consenso internacional sobre la implantación de pruebas objetivas de diagnóstico que permitan detectar el cuadro de manera inequívoca y predecir además de forma fiable la respuesta al tratamiento.
Frente a las pruebas poco específicas que se realizan durante el sueño, y a falta de test biológicos (medibles en sangre) o genéticos precisos, en los últimos años se han desarrollado las denominadas ‘pruebas en vigilia’, como el test de inmovilización múltiple: “además de sus grandes ventajas prácticas, puesto que se realizan de día y no precisan laboratorio de sueño, también permiten provocar los síntomas y hacer que el médico pueda visualizarlos y evaluarlos en tiempo real para hacer un diagnóstico mucho más preciso”, indica García-Borreguero.
Síndrome de apnea-hipopnea y alteraciones cognitivas
El síndrome de apnea-hipopnea del sueño (SAHS) residual en la infancia ha sido otro de los temas principales que se han abordado en la jornada, ya que en la actualidad su prevalencia ronda el 20 por ciento de todos los casos de SAHS. “La tasa de curación del SAHS infantil es del 80 por ciento aproximadamente, por tanto estamos ante cerca de un 20 por ciento de los pacientes que continúan con ronquidos, pausas de apnea nocturnas, alteraciones de comportamiento diurno o retraso de crecimiento, que pueden acarrear importantes repercusiones sobre la salud de los
pequeños, como problemas de desarrollo y crecimiento, alteraciones neurocognitivas e incluso cardiovasculares”, detalla Joaquín Terán, miembro de la SES.
Sin embargo, el SAHS residual puede pasar inadvertido porque, aunque los pacientes mejoren, muchos de ellos presentan alteraciones de la respiración durante el sueño que no son detectados si no se realiza un estudio del sueño.
“Por eso, es prioritario considerar ciertos grupos de riesgo a los que siempre será necesario, después del tratamiento
quirúrgico convencional, realizar un estudio de sueño y comprobar la presencia o no de SAHS residual”, indica Terán.
Estos grupos de riesgo son los menores de tres años, niños con obesidad, con comorbilidad añadida como síndromes malformativos o con un diagnóstico inicial de SAHS grave.
En esta línea, David Gozal, de la Universidad de Chicago, ha abordado las consecuencias patológicas de la enfermedad y su trascendencia en el desarrollo de los niños. Además, ahondará en los estudios con marcadores biológicos que permiten identificar a aquellos pequeños con alteraciones respiratorias durante el sueño que estén en claro riesgo de evolucionar hacia alteraciones neurocognitivas o cardiovasculares para tratarlos con la mayor agilidad posible.
A lo largo de la jornada, los especialistas también han analizado la conveniencia del diagnóstico simplificado de SAHS frente a la polisomnografía convencional. “En la actualidad el diagnóstico de referencia del SAHS es la polisomnografía convencional, que incluye variables neurológicas y respiratorias sobre la calidad y cantidad del sueño. Pero el diagnóstico simplificado es una alternativa que suprime el estudio de los datos neurológicos y utiliza solo los datos respiratorios, con lo que es una prueba más sencilla pero igualmente efectiva, ya avalada por numerosos grupos internacionales, y que permitiría su acceso a un gran número de pacientes”, indica Joaquín Durán, miembro de la SES.
En concreto, un análisis realizado en 2003 por el Grupo Español de Sueño sobre recursos en España para el diagnóstico del SAHS en 450 hospitales evidenció que solo el 46 por ciento realizaba estudios de sueño y un escaso 50 por ciento disponía de polisomnografía convencional, principalmente debido al elevado coste de la técnica. “Es importante reseñar las dificultades que muchas personas tienen para acceder a una prueba de sueño. Por eso, es fundamental la agilización del diagnóstico simplificado para mejorar el seguimiento de todos los pacientes con un SAHS relevante”, detalla Durán.
Papel de las hipocretinas en el diagnóstico de la narcolepsia
En el encuentro, los asistentes también debatirán sobre es el papel de las hipocretinas en el diagnóstico de la narcolepsia. “La medición de este neurotransmisor es un método muy fiable, ya que prácticamente todos los pacientes con narcolepsia y cataplejía tienen unos niveles bajos de hipocretina en el líquido cefalorraquídeo. Además, sabemos que hay muy pocas entidades que se asocien a esta dolencia, por lo que este hallazgo es especialmente importante”, explica Álex Iranzo, miembro de la SES.
Sin embargo, también hay autores que defienden que la historia clínica del paciente es suficiente para el diagnóstico de narcolepsia con cataplejía y que no es necesario hacer ninguna otra prueba. “El problema de la medición de hipocretina radica en que requiere una punción lumbar para extraer el líquido cefalorraquídeo por lo que, aunque se realiza de forma habitual en otras patologías, es una técnica invasiva que entraña ciertos riesgos”, puntualiza Iranzo.