03/03/3013

3 marzo 2013

El niño que no duerme (cont.)

 
Los rituales de conciliación también son patrimonio de los niños. Para facilitar la transición de la vigilia al sueño deben de darse determinadas condiciones: El niño puede requerir un dormitorio específico, una cuna o cama particular, abrazarse a un osito u objeto favorito. Por lo general, estos objetos permanecen junto al niño toda la noche. Si el niño aprende a dormirse en los brazos de sus padres, se acostumbra a ser acunado o a que le cuenten un cuento, cuando se despierte a media noche le costará volver a dormirse solo, ya que no van a repetirse las mismas condiciones con las que se durmió al inicio de la noche. En definitiva, cada vez que el niño se despierte, le va a ser difícil volver adormirse.
 
Richard Ferber, experto estadounidense en sueño infantil, asegura que:“el problema del insomnio infantil no se debe a despertarse por la noche, sino a no poder volver a dormirse. El problema surge a raíz de las asociaciones particulares que el niño establece con el hecho de dormirse”. Este tipo de alteraciones del sueño se mantiene con frecuencia hasta la edad preescolar. El hecho de que disminuyan con la edad se debe a que cuanto mayor sea el niño, mejor será su control sobre el entorno y menos necesitará de estas asociaciones cada vez que se despierte por la noche. No suelen ser niños con grandes dificultades para conciliar el sueño, pero sí presentan despertares prolongados. Por la noche se encuentran irritados e inquietos, al margen de que se les permita dormir en la cama de los padres, o de que se les acune, o coja. La hora de iniciación del sueño suele ser normal, y es poco frecuente que estos niños estén cansados durante el día (al contrario que sus padres, a los que tampoco dejan dormir de noche). Es característico que los padres suelen contar que el niño vuelve a dormirse con facilidad si se le da un biberón, durmiéndose ya al comienzo de la toma. Como veremos más adelante, no ocurre lo mismo en aquellos niños en los que el problema consiste en un exceso de líquidos nocturnos.