01/04/2014

1 abril 2014

Las agendas..¿Nos ayudan a recordar o a olvidar?.

Los despistes cotidianos son algo con lo que estamos acostumbrados a convivir cada día, como por ejemplo, cuando olvidarnos las llaves del coche en casa, no recordamos si hemos cerrado el gas o nos movemos de una habitación a otra para coger un objeto y al llegar, no recordamos que habíamos venido a buscar.
Todas estas son situaciones que nos son muy familiares e incluso solemos bromear sobre las mismas con nuestros conocidos.

Sin embargo y muy a nuestro pesar, también sufrimos otros fallos de memoria que nos pueden generar muchos más inconvenientes, e incluso llegar a preocuparnos. Son los que suceden cuando no recordamos el nombre de un cliente, o de algún participante en alguna reunión laboral o bien no nos acuden a la memoria determinados detalles sobre procedimientos, objetivos o fechas, que habíamos acordado con un cliente, proveedor o compañero de trabajo.
Conscientes de estos despistes, a menudo recurrimos a la agenda para apuntar todos estos detalles, ya que pensamos que es fácil que entre la gran cantidad de asuntos que hemos de resolver, sería fácil el que se nos olvidara alguno de estos eventos.

Sin embargo, tratar de apuntar todos y cada uno de los detalles es difícil y con el hecho de confiar en un papel y no trabajar para fijar estos datos en nuestro cerebro, estamos impidiendo que él mismo realice estos esfuerzos de memorización, mantenimiento y recuperación de la información, con lo que estamos “desentrenándole” y dificultando que sus capacidades puedan optimizarse al máximo nivel.
Y esta falta de entrenamiento actúa en nuestra contra, porque aunque muchas veces pensamos que los pequeños (y grandes) fallos de la memoria son una consecuencia inevitable del paso de los años, pero en realidad el cerebro actúa como un músculo que se puede entrenar y fortalecer hasta niveles realmente muy elevados, si lo trabajamos con las herramientas adecuadas.